La Cordillera Oriental hace parte de las tres grandes cadenas montañosas que conforman los Andes colombianos, destacándose por ser una de las formaciones más jóvenes de la región. Se originó a partir de los movimientos tectónicos que comenzaron en el período Cretácico y alcanzaron su punto más activo hace unos 25 millones de años. El levantamiento de esta cordillera provocó importantes cambios en el paisaje, lo que influyó en la distribución de la biodiversidad, así como en la cantidad y dirección de las aguas, tanto superficiales como del subsuelo.
Este sistema montañoso del oriente colombiano desempeñó un papel fundamental en la orientación de los drenajes, especialmente de los ríos que alimentan dos de las cuencas hidrográficas más grandes de Sudamérica: Orinoco y Amazonas. La reorganización de estos sistemas fluviales junto con la acumulación de sedimentos provenientes de la erosión de la cordillera, moldearon la formación y evolución de la zona transicional Orinoco-Amazonas.
Esta zona transicional, que se extiende por los departamentos de Guaviare, Guainía y Vaupés, alberga una notable diversidad de ecosistemas representativos de la región Orinoquense y Amazónica, entre los cuales se encuentran sabanas, altillanuras, llanos y bosques inundables, bosques de galería, afloramientos rocosos del Escudo Guayanés y selva húmeda.
En estos ecosistemas circulan aguas con diversas características químicas y biológicas. Se encuentran ríos de aguas blancas, impetuosas y turbias, como los ríos Uva, Guayabero, Ariari, Guaviare y Papunaua, de origen andino, que circundan por las montañas acumulando nutrientes. Por su parte, los ríos de aguas negras, silenciosas y ácidas, como el Inírida, brotan de los densos bosques amazónicos y deben su apariencia a los procesos de descomposición de la materia orgánica. También, hay ríos de aguas claras, con tonos verdes azulados, carentes de nutrientes [1].
Algunas de estas aguas se entrelazan en la zona de transición entre el Orinoco y la Amazonia, lo que permite el intercambio de sedimentos y especies. Entre ellas se encuentra el canal del Casiquiare, una verdadera vena fluvial que conecta las aguas del río Orinoco con el río Negro, este último afluente del Amazonas.
La riqueza hídrica de esta zona transicional ha despertado durante años la fascinación y curiosidad, tanto de las comunidades locales como de la comunidad científica. En este intercambio de saberes, el Instituto Amazónico de investigaciones Científicas-SINCHI ha trabajado en el reconocimiento de la biodiversidad y en la formulación de lineamientos para el uso sostenible de los recursos naturales, con el fin de conservar el patrimonio ecológico y cultural de la zona. Un ejemplo de este compromiso es la participación de sus investigadores en el muestreo y estructuración del Plan de Manejo Ambiental del sitio Ramsar Estrella Fluvial Inírida- EFI.
La EFI es una zona excepcional por su ubicación geográfica, ya que resguarda bosques inundables del bioma Amazónico y aguas del Orinoco. La conexión entre estos ecosistemas sustenta una notable biodiversidad, destacándose la riqueza íctica, con 364 especies de importancia para el consumo y con fines ornamentales. Cerca de 90 especies de estos peces dulceacuícolas fueron registrados por primera vez en la zona, gracias a los muestreos participativos realizados por las comunidades locales junto con investigadores del Instituto SINCHI, en el marco del proceso de actualización y elaboración del plan de manejo [2].
Además de la EFI, otros ecosistemas de interés para el Instituto SINCHI han sido los bosques inundables, como los morichales. Estos ecosistemas dinámicos se enriquecen con las crecientes de los ríos y cumplen diversas funciones, como la regulación natural de las inundaciones y la conservación de una alta riqueza de flora y fauna. Albergan especies migratorias, transitorias y residentes permanentes.
En sus aguas habitan peces como sardinatas, palometas, payaras, sapoaras, corronchos, rayas y bagres, que encuentran en la vegetación sumergida y flotante, un entorno propicio para la reproducción y la alimentación, gracias a un banquete natural compuesto por frutos, semillas, invertebrados y material vegetal.
De esta manera, la zona transicional Orinoco–Amazonas es mucho más que una zona geográfica: es un territorio que resalta por su geología y por sus aguas contrastantes. Es testigo del encuentro de grandes ríos, de paisajes moldeados por millones de años, y de una gran biodiversidad.
Proteger este territorio no es solo un deber ambiental: es un compromiso con el futuro. En un mundo marcado por la pérdida de ecosistemas y el cambio climático, conocer, valorar y conservar esta región es una prioridad y un acto de responsabilidad colectiva.
Referencias:
1. Lasso, C. A., J. S. Usma, F. Trujillo y A. Rial (Editores). 2010. Biodiversidad de la cuenca del Orinoco: bases científicas para la identificación de areas prioritarias para la conservación y uso sostenible de la biodiversidad. Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, WWF Colombia, Fundación Omacha, Fundación La Salle e Instituto de Estudios de la Orinoquia (Universidad Nacional de Colombia). Bogotá, D. C., Colombia.
2. Villa-Navarro, F., et al. Plan de Manejo Ambiental del sitio Ramsar Estrella Fluvial Inírida: avances en el conocimiento, conservación y uso sostenible de su biodiversidad. Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible - Minambiente, Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y el Oriente Amazónico – CDA, Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas SINCHI, Proyecto GEF Corazón de la Amazonia, Corporación Mesa Ramsar EFI, Asociación de Campesinos para la Sostenibilidad Zona Ramsar EFI - ACEFIN & WWF Colombia. Bogotá, Colombia. 264 pp. Enlace:
https://sinchi.org.co/humedal-estrella-fluvial-inirida-ya-cuenta-con-plan-de-manejo-ambiental